martes, 3 de abril de 2012

De Encuestas y manipulaciones



La elección del 2012 en México parece girar en torno a la encuestas. No hemos escuchado mucho de los candidatos, sus propuestas se diluyen en el océano de lo mil veces prometido, de lo mil veces no cumplido. Los grandes problemas nacionales siguen sin estar resueltos y uno se pregunta si los políticos realmente quieren solucionar los problemas o prefieren navegar en ese peligroso ápice de mantener las cosas justo debajo del punto del estallido social. Uno también se puede preguntar si los políticos aún son capaces de gestar un panorama (real o intencional) de soluciones desde sus cada vez más magras perspectivas ideológicas rebasadas desde hace mucho por una realidad mucho más compleja que las teorías que alguna vez dieron sustento a la emergencia de las ideologías que actualmente fundamentan al pensamiento político.
Frente a esta problemática de vacío político parece que los políticos y, sobre todo, los medios de comunicación, han escogido a las encuestas como un campo de batalla real que decidirá todos los resultados… desde elegir y postular candidatos, hasta determinar quien será finalmente el presidente.
Pero ante la encuestitis imperante uno se pregunta si las encuestas realmente son tan objetivas y científicas como lo postulan sus defensores.
Por un lado, no es difícil encontrar encuestas con resultados totalmente contradictorios. En algunas un candidato va arriba, en otras otro y en otras más otro más. Curiosamente los que dan a conocer las tendencias donde uno u otro candidato resulta llevar la ventaja casi siempre tienden a favorecer ese candidato. En algunos casos los medios hasta lo hacen descaradamente: a un candidato (el más favorecido) le anteponen su título universitario (licenciado), a otro le ponen el honroso “don o doña” social y de otro se olvidan tajantemente de que incluso pasó por la escuela.
George Gallup, al que se le atribuye el haber ideado la encuesta moderna, alguna vez declaró que las encuestas son una forma de desentrañar los sentimientos populares y por lo tanto eran un valioso medio para que los políticos diseñaran sus políticas de acuerdo a los reclamos populares. Lo que uno se puede preguntar ante este postulado es como es que los políticos interpretan los resultado y si esa interpretación realmente conlleva que el diseño de las políticas responda a los intereses de la gente. Cualquiera que haya sido encuestado alguna vez sabe que en la forma de cómo se formulan las preguntas ya puede haber vacios informativos, que se manifiestan claramente lo que aquellos que encuestan  quieren saber.
Un ejemplo: en el censo de población uno de los parámetros para medir la calidad de una vivienda es el piso de cemento. Pero mucha gente vive en casas con pisos de madera que sería como una especie de vivienda “ecológica” o representativa de ciertas opciones de comodidad. La opción de pisos de madera en el censo no aparece: o los pisos son de cemento o son de tierra.
Otro ejemplo electoral: las preguntas sobre los candidatos contraponen a los candidatos entre si, pero nunca preguntan sobre otras opciones: Cantinflas, anular el voto, candidatos alternos o independientes. Se asume que a la gente no le queda otra opción que votar por alguno de los candidatos o que carece de preferencias que salgan del rango de lo legalmente establecido, cosa que ante el descontento generalizado de la población frente a la política en general es más que evidente.  
En la gama de las respuestas posibles ya existe un potencial que le indica al encuestado hacia donde está tirando el encuestador y el asunto se convierte en un juego donde ambos caen fácilmente en el juego de engañarse mutuamente. (Hasta cabe la posibilidad de que entre los seguidores de alguno de los candidatos incluso exista la consigna de engañar a los encuestadores)
Ya establecidas las encuestas como herramienta, otro grupo de investigadores alrededor de Walter Lippman postularon que las encuestas eran una herramienta más que usan los medios masivos para encausar la opinión pública en un sentido deseado. Es decir que las encuestas son una herramienta más de la manipulacíon.
En la encuestitis imperante en México esto se puede ver claramente en la tendencia que muestran los medios de comunicación al poner recurrentemente a un candidato a la cabeza de las encuestas. Se puede sospechar una manipulación en el dato que el porcentaje que favorece a ese candidato prácticamente no cambia a pesar de errores, metidas de pata y cosas peores. El candidato se mantiene a la cabeza y mantiene la misma ventaja sobre su oponente inmediato. ¿Será que la población realmente quiere a ese personaje en la presidencia con todo y la inconformidad que existe frente a su partido? ¿Será que la gente realmente es capaz de olvidarse tan pronto de las formas de cómo ese partido hizo política en el reciente pasado histórico? ¿O será que los medios ya escogieron a ese candidato como su gallo y están manipulando a la población para que vote masivamente por el?
Si de algo podemos sospechar en el proceso electoral actual es de las encuestas. Ya sea en uno u otro de los sentidos arriba expuestos no podemos hablar de una objetividad “científica” frente a este fenómeno y socialmente solo sería benéfico que realmente nos cerráramos mentalmente a ellas como nos hemos estado cerrando a todo lo demás que viene de los frentes políticos convencionales. Hay que abrirnos a nuevas opciones y eso significa formar alternativas políticas, fundar nuevos partidos, pelear contra la desaparición de los representantes plurinominales porque de salirse con la suya aquellos que postulan su desaparición simplemente le estarían cerrando las puertas a cualquier opción política nueva que tarde o temprano tiene que aparecer en el futuro… ya es hora y la sociedad se ha tardado demasiado en organizarse en ese sentido pero lo hará de eso podemos estar seguros.